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No
dan trofeos, ni diplomas, ni camisetas; los únicos recuerdos que
te puedes llevar son una multitud de arañazos provenientes de las
aliagas y, la fotografía del grupo participante. A pesar de estas
condiciones y, la dureza del recorrido, cada año, existen más
simpatizantes de esta marcha.
Cuando el reloj del campanario da los seis toques, todos marchamos en
busca de nuestra hazaña personal. 1'5 Km. de negro asfalto nos
separa de la antesala de la etapa: un desdibujado sendero, sobre un desnivel
que en poco más de 1 Km. nos eleva 300 m. más sobre el nivel
del mar. Los primeros en alcanzar esta cota, con un golpe de vista hacia
el Este, podrán presenciar el esplendoroso amanecer; los últimos
se regocijarán con esta entrega de la naturaleza, aunque eso sí,
un poco más abajo.
Una corta bajada, pero empinada, desemboca en una pista que, con suaves
altibajos, vuelve a dejarnos a pie de una senda que se adentra a duras
penas entre la maleza. Las variaciones del terreno, se anteponen a los
espacios planos, hasta alcanzar la Lloma de Yosti, donde en pocos metros,
se puede divisar varias poblaciones; por desgracia, también se
puede observar, la maldad que han hecho algunos que se dan el sobrenombre
de personas civilizadas: una serpenteante pista a su libre antojo, en
el corazón del futuro parque de la Sierra Espadán, (recuerdo
las quejas que lanzaban los forestales cuando se encontraban con ciclistas
y motoristas por estos parajes, sin embargo se les pasó por alto
la supervisión de la máquina destructiva).
Al dejar atrás la novísima pista, los participantes vuelven
a jugar con las bruscas pendientes, hasta alcanzar el primer avituallamiento,
situado en el pico de la Nevera, donde a partir de ahí, hasta el
collado del Marianet, se unirán al juego cientos de espinosos matojos.
En sentido ascendente, y abrazada por numerosos matorrales, se encuentra
otra de las dificultades que se debe de superar, el Alto del Señor,
comienzo de un "suave descanso" hasta la puerta de otro baile
de desniveles envueltos por una incesante suma de vegetación punzante.
Así, con más pena que gloria, los supervivientes alcanzamos
el último avituallamiento y el último obstáculo orográfico,
el monte Pipa, desde donde los privilegiados, podrán presenciar
todo el recorrido.
Un trayecto de apenas 2 Km. en sentido descendente, es la distancia que
separa la cumbre del negro alquitrán, lugar donde todos ansiamos
alcanzar sin ningún contratiempo. Un pequeño esfuerzo y
Alfondeguilla.
Texto
y fotos: Tomás Serra
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