|
¡Brooomm,
brooomm, broomm! es el sonido que sale de un tubo de escape de una motocicleta,
siempre y cuando no os fijéis bien, si lo hacéis, puede
que os llevéis una sorpresa y escuchéis otras cosas, por
ejemplo palabras. La mía lo hacía ¿la vuestra no?.
Mi CRM lo hacia siempre que estaba contenta: cuando la usaba para lo que
nació, o sea, siempre. He aquí uno de sus viajes, escrito
por su piloto-amigo, ya que ella no lo pudo escribir. Me dijo, que se
lo dedicara a las más "pequeñas" y a sus jinetes,
para que así comprendan a sus "chicas" y las traten un
poco mejor.
Piiiiii, Piiiiii, Piiiiii
-¡Que bien! ha llegado mi amiga Transalp.
- Clask, Clask, Clask...- y ya baja mi piloto a por mi. ¡Estupendo,
ya me voy de aventura!.
- ¡Venga, ánimo que nos esperan!
- Aguarda un momento, voy a coger el casco-.
Ahora, abrirán la puerta y me sacarán... ¡Eh! ¿Pero,
qué pasa? se va de paquete y me deja aquí tirada ¿qué
ocurre?. ¿Por qué me dejáis aquíííí?
Se han ido, sin decir ni palabra. A saber que estarán tramando,
seguro que querrán venderme; el otro día escuché
a mi piloto, que quería comprarse una de 600. ¡Ya se acordará,
ya!. Ni que yo no le hubiera dado gratas experiencias.
Llevo más de dos horas lloriqueando por culpa de lo ocurrido. Después,
cuando quiera salir conmigo se quejará de que no me queda aceite
en las botellas y no sabrá que lo he perdido mientras él
me abandonaba con otra.
¡Brooommmm!, ya está aquí mi "querida" amiga.
Como siempre mi "amigo" pegará un vistazo y se irá
escaleras arriba. Ves, ya lo decía yo. Es como todos...
Clask, Clask, Clask... Vaya, ya se le ha olvidado algo. Seguro que yo
no, pues pasa de largo. Ahora se agacha y coje mi cofre. ¡Eh, eso
es mío! ¡¡no lo toques!!. ¿Pero qué hace?
¡Viene hacia mí y con él debajo del brazo! ¿Qué
querrá a estas horas?
¡Cric, croc, cric! ¡Me está colocando el cofre!. Y
ahora lo está llenando. Esto no es normal, porque nunca lo usa
estando vestida para matar: de campo, con los neumáticos de cross.
Esto no me gusta, ¡aunque me tiene intrigada! y quiero saber que
me va a acontecer. Ahora me ha puesto una bolsa, y otra más y otra.
Tiene trazas de ser algo guay. ¡¡Estupendo!!
Me he pasado toda su ausencia criticándolo y ahora resulta que
lo que estaba tramando era un viaje. ¡Un diez por él y por
su compañero el de mi amiga!
Ahora esperar que descanse y mañana será otro día.
LA
HORA CERO
Bom; Bom;
Bom. Ya está, ya llegó la hora cero. Un poco tarde, pero
no importa. Sin verlo sé que es él; por el escándalo
que hace cuando baja las escaleras con las botas puestas.
Me saca con delicadeza. Gira la llave que me da vida y me pega una suave
patada. Como debe ser, con mimo.
Cuatro callejones, y primera parada: gasolinera.
- Cuanto quieres - Lleno, que sino, con sólo nueve litros que le
caben...-
Me arranca y nos vamos.. y paramos de nuevo ¡Eh! Qué pasa
si apenas he recorrido diez metros... Ahora lo entiendo ha ido por el
hinchador. Está colocándome presión como para ir
sobre asfalto.
¡Qué lástima! Se acabó la búsqueda de
nuevas sensaciones.
Bueno ya me ha puesto en marcha y esta vez si que va en serio porque nos
dirigimos hacia las afueras del pueblo.
40, 50, 60, 80, 90, 95 Km/h ¡¡¡cómo me enrosca
la oreja!!! ¡¡¡qué guay!!! Aunque, espero que
no te lo tomes tan en serio que ya voy con la válvula abierta -a
9500 r.p.m.- a mi parecer una buena marcha para hacer kilómetros...
si es que los vamos hacer.
Un par de semáforos y ya hemos entrado en la nacional 340. Que
asco. Me callaré por si a caso, no sea que pase lo de ayer.
Desde luego que carretera más aburrida, llevó más
de 20 Km. y todavía no me he inclinado. Que malhumorada estoy.
A esta marcha voy a acabar con los neumáticos planos.
Diviso una tanda de curvas en subida ¡Estupendo!. ¡Bien por
él! Esto se anima. Una curva, otra y otra... ¡Me gusta, me
gusta!. Estamos rodando por encima de 100 Km/h. a 11.000 r.p.m. Ya era
hora: él sabe que si no me gira el puño en el momento correspondiente
mi corazón caerá de vueltas, pues me gusta la alegría
y sin ella mis fuerzas se pierden junto con los llantos, por esta razón
me está dando más gas en la subida y una vez superada la
pendiente volverá a las vueltas normales para asi continuar con
el ritmo pronosticado.
¡TODO
EL MUNDO NOS PASA!
Desde luego
es un martirio circular por asfalto yendo vestida de campo. Todo el mundo
nos pasa; hasta algún camión de vez en cuando. Aparte de
ir con tacos, también llevo un desarrollo cortísimo; ahora
corro veinte kilómetros menos. Aunque por otra parte, es de agradecer
estos momentos, ya que así puedo ver cosas que anteriormente nunca
pude fijarme, como el río Ebro; la última vez que pasé
por aquí iba a más de 110 y ahora voy a tan sólo
70 Km/h. Además, a esta velocidad mis componentes durarán
mucho más tiempo.
Sigo aburrida; pero entretenida. Todo tiene su doble sentido, y gracias
a este handicap puedo decir que mi existencia me está resultando
bastante agradable.
HAMBRE
DE AVENTURA
Sin ir muy
lejos, en la tierra con forma de bota, donde me ensamblaron, mientras
estaba esperando turno en un almacén de la fábrica, propuse
que si nos veíamos fuera de este sitio lo celebraríamos
contándonos nuestras vivencias. Rápidamente me apabullaron
a silbidos; ninguna confiaba en tener tanta suerte. La mayoría
advertían que acabarían pronto en el olvido, además
de ser maltratadas en su corta vida, pues sabían que estaban concebidas
para ello; al servicio de los jóvenes sin ideas fijas. Siempre
creí que mi destino sería diferente.
Y menos mal, pues cuando me fabricaron, sin darse cuenta mis colegas,
me alimenté del afán de aventura de la Africa Tiw que pusieron
a mi lado. Cuando lo hice, creí que me arrepentiría el resto
de mi existencia al poner el listón demasiado alto y no encontrar
a nadie que pudiera llevarme a saciarla.
Aquellas sospechas, por suerte, se quedaron en eso en simples dudas, y
hoy por hoy no tengo casi nada que reprocharle a mi dueño, pues
gracias a él puedo seguir soñando con más hazañas,
al tiempo que voy conociendo multitud de parajes formidables.
¡Eh, empieza a frenar! ¿Qué pasa? ¡Ah, está
claro, ahora lo entiendo! Toca repostar. Con tanto recuerdos no me acordaba.
157 Km. hemos echo ya, no esta mal para tan sólo 9 L. Por cierto,
no penséis mal de mi que no me los he bebidos todos; tan sólo
7 L.
Nada más llenar, los dos, continuamos el camino. Como toca. A descansar
los días de fiesta, que son los laborales de mi piloto.
Vuelvo a circular a la misma marcha y por cierto, igual de aburridos.
Todos llanos, a excepción de algún repecho que otro, ni
tan siquiera hace viento, como la última vez que pasamos por aquí,
en el que mi "bailoteo" y el de mi amigo era mayor que en el
trazado del puerto de Eslida; aquella vez el viento quería arrebatarme
mi velocidad. Aullaba de rabia (12.000 r.p.m.) mientras luchaba con él
y aún así casi no podía derrotar a mi adversario,
se ve que quería que me quedase sin "rugido". Qué
buenos recuerdos...
Por lo que parece, vamos a abandonar esta aburrida calzada, pues ha puesto
el intermitente de la derecha para salirnos por una intersección
¡Bien!. Una comarcal.. Creo que va hacia Reus. ¡Ah! ya me
acuerdo, es algo divertida pues tiene un montón de baches, aunque
es algo corta. ¡Para matar el gusanillo, no esta mal!...
No obstante si queréis un buen consejo, nunca vayáis por
aquí, la carretera la han arreglado y, ya no hay baches ni curvas
que merezcan su paso. Mejor por el puerto de Lilla. Más entretenida.
De todas maneras es bastante más distraída la comarcal 240
que la nacional, máxime a partir de Montblanc, donde se suceden
las curvas, los cruces de pueblos y el cambiante paisaje, dando formas
muy dispares allá por el horizonte, tintándolo a veces de
tales tonos que llega a parecerse aun cuadro.
LA
CARICIA DEL VIENTO
Artesa de
Segre vuelve a ser testigo de mis neumáticos, pero sólo
de ellos... la otra vez llené mi joroba de reservas y nos fuimos
hacia Tremp. Hoy creo que vamos hacia Andorra, pero por si acaso no me
adelantaré a los acontecimientos... Algunas veces, según
que circunstancias, es apasionante circular a marchas forzadas, sin miedo
a ensuciarte de pringue rojo y verde por el choque brutal de los insectos,
mostrando todo tu carácter, pero si tengo que ser sincera nos gusta
más la tranquilidad. Duramos más tiempo en marcha y visitamos
menos veces el taller... ¡Veis, lo que os decía! esta vez
he puesto gasolina en Oliana 166 Km. más tarde... y aún
no me ha entrado la reserva que son 1'5 L. Perdón por la interrupción.
Como comentaba antes, a parte de lo dicho, la velocidad moderada es de
agradecer al dejar sentir la caricia del viento por nuestra silueta: el
susurro entre nuestras orejas y nuestras antenas es mucho más alargador
que el estruendo golpetear del viento huracanado originado por la vivacidad
de nuestro rodar. ¡Y digo yo! para qué os cuento esto, si
vais hacer lo que os de la gana de vuestras motos. ¿Pero, ha que
tengo razón?...
Entre pensamientos melancólicos, sin darme cuenta ya estoy en la
puerta de Andorra, y como buena motera, entrego a mi compañero
la facilidad de maniobrabilidad que se me ha otorgado, para ofrecerle
la máxima libertad de movimientos en el sorteo de las urnas de
cuatro o más ruedas, que como siempre a estas alturas superan con
creces los 2 Km. de retenciones. Más aún en estas fechas
tan señaladas.
Unos momentos más tarde nos encontramos a la puerta de un hotel:
éste no tiene refugio para nosotras, sólo un parking al
descubierto delante del mismo, no obstante por lo bien que me he portado,
creo, me ha aparcado al lado de la puerta y refugiada por el abrigo del
balcón. ¡Bien por él! Aunque no hubiera hecho falta
tanto mimo, pues me he quedado con más ganas de guerra.
Llevo varias horas aquí quieta, y durante este tiempo he visto
salir y entrar a mi compañero lleno de bolsas varias veces. En
cada una de ellas me ha dirigido una mirada y un pensamiento. Gracias.
¡¡QUE
BONITA SOY!!
Los rayos
del Sol resbalan por las paredes de los edificios empujando la fría
penumbra, dejándose sentir poco a poco la cálida temperatura
que estos albergan, dándome de lleno dos horas más tarde
aportándome alegría a mis congelados hierros. Buena hora
para que mi amigo me acoja entre sus piernas...
...¡Antes lo menciono, antes aparece! ya baja con los bártulos,
dispuesto a fijármelos encima. Ya era hora... Hay que ver que cómodo
se ha vuelto, antes no hubiese dejado salir ni al querido Astro, hoy son
las 10'30h. y aún estamos aquí, y a la puerta de un hotel,
no sé para que lleva el saco de dormir y los restantes artilugios
de acampada; total por cuatro copos de nieve que cayeron ayer entre nube
y nube...
Ya estoy vestida y él equipado. ¡Anda, que veo! va niquelado:
casco nuevo y chaqueta nueva, a tono. ¡Qué pijorro! encima
se ha ligado a una gachí del hotel, seguro que será por
la ropa nueva.
- Es tu moto.
- Sí.
- Que bonita es, me gusta.
- ¿Te gustan las motos?
- De siempre, pero ésta tiene algo especial que me encanta más,
no sé... Quizás es porque es tuya... o por la mirada que
parece que muestre. Igual que si estuviera viva.
- Para mi lo está.
¡Y tanto que estoy viva!. Mi corazón late sin tan siquiera
enroscarme la oreja, y por mis ojos, que son las bombillas, veo pasar
todo lo que me rodea... en este caso una chica bonita con unos profundos
y brillantes ojos negros por los que desparrama bondad hacia mi y mi piloto,
pero mucho más a mí ¡vale!.
Dos besos para mi piloto y una caricia en mi joroba es el recuerdo inmediato
que nos llevamos de tan agradable despedida, una buena carga para llevar
y dejar a nuestras espaldas...
¡NIEVE...!
Según
los consejos de la chica y de otros, no era recomendable salir de este
país por el sitio de siempre, pero como los dos nos hemos despertado
con buen pie y con muchas ganas de acción, optamos por él:
el paso de la Botella, de una altitud respetable; la última vez
que pasé por aquí, tosía constante por este motivo.
No obstante, más bien era por una mala carburación que por
la falta de oxígeno. Hoy me estoy portando de maravilla y ni tan
siquiera la nieve que hayamos a nuestro paso, detiene la alegría
que inunda la cercana despedida.
Pasado el desvío de la pista de esquí de pal, obtenemos
lo que buscábamos, zarandeo a raudales... Nieve rondando la altura
de mi bufanda, apostando incluso a coger un constipado y, si me aprieta
un poco más, hasta una gripe (mis entrañas rayan la zona
roja) por el uso exhaustivo del embrague al quedarme continuamente atascada
en los neveros que hayamos. Reconozco que la culpa es mía al no
disponer de bajos, pero peor hubiera sido si poseyera los neumáticos
y desarrollos originales, entonces ni oler los copos de nieve.
¡¡QUE
ASCO!!
Múltiples
desembragazos, remadas, empujones y descansos se sucedieron hasta coronar
el paso, punto donde yacemos los dos casi muertos, él, tumbado
en el manto blanco y yo, encajada en mis propias roderas, sin miedo a
perder el equilibrio. A partir de aquí, sobre haber más
nieve, será más fácil superar las dificultades, por
lo menos para mí, que no deberé ser tan exigida de motor,
ahora, sólo depende de él; de su pericia, sino, posiblemente
cambie mi estructura física...
...Llevamos casi 5 Km. sin caernos. ¡Estupento! Ahora, la nieve
es más baja y ya deja entrever las estriberas por encima de las
roderas de los 4X4, únicas urnas que me gustan. Todo es más
sencillo: el frenar, acelerar, cambiar, y sobre todo el poder relajarse,
ya no debes estar tan pendiente de lo que tienes delante... mis tacos
ya casi no raspan las huellas de los demás; mi corazón hace
tiempo que no ruge; y mis frenos empiezan a ser efectivos... -¡Ahhh,
párate, párate...! -Ihhhhhhh!!. ¡Clonkssssss!
- ¡Puaf, que asco!
- ¡Mierda, por qué no has frenado!
- Vaya, encima se enfada, si la culpa es suya. El que haya dicho que nos
podemos relajar, no quiere decir que se lo tome a ratajabla, puesto que
en cualquier penumbra puede esconderse una placa de hielo, tirándonos
por los suelos al menor descuido, como ha ocurrido. Este es el handicap
que nos podemos encontrar después de un esfuerzo acusado, una relajación
anticipada.
Si hubiera podido elegir el lugar donde arrastrar mis partes, éste
no hubiera sido el sitio; lleno de barro. Ahora parezco mucho más
vieja y por culpa de él ya no me silbarán las chicas.
Nos levantamos y continuamos como si nada hubiera pasado, lo mejor que
se puede hacer para no coger miedo.
Montones de curvas; cientos de charcos; barro a mogollón; y una
ligera lluvia son nuestros más fieles compañeros hasta llegar
a la carretera, lugar donde sólo las finísimas gotas siguen
engatusadas con nosotros. ¡Bien por ellas, pues podré lavarme
por el camino!
El puerto de la Bonaigua vuelve por segunda vez a ser testigo de mis tacos,
bueno, mejor dicho, de mis pisadas, pues como el anterior lo estamos pasando
nevado, aunque eso sí, sólo por una delgada capa de apenas
2 cm. producida por los copos recién caídos.
La bajada de éste no tiene que ver nada con la anterior, tan sólo
el riesgo que contrae el circular en tan pésimas condiciones a
la velocidad que lo bajamos, más de 60 Km/h. Se nota que tiene
prisa por llegar algún sitio.
EN
LA BOCA DEL LOBO
En un santiamén
llegamos a Viella, punto donde volvemos a repostar. ¡Esta vez si
que he gastado un poco más, pero sólo un poco! Máxime
después del duro trato que he recibido, 7 L. en 120 Km. Ahora a
la marcha, camino del túnel de Viella. Nevando, como era de esperar
después de ver los nubarrones merodeando por nuestro alrededor,
aunque esta vez con más consistencia por parte de las estrellas
blancas, invadiendo en un instante toda la calzada.
Son pasadas las 15'30h. y aún no hemos parado para descansar, la
climatología está muy fea y no creo que pasado el túnel
mejore mucho más: dentro de él no hace frío, ni hay
nieve; tan sólo menos oxígeno y menos visión: sólo
una pared de color monótono y un ruido infernal, originado sobre
todo por el de mi calzado, que parece más bien el aullido de un
coyote. Fuera todo vuelve la normalidad: nieve y riesgo, sin embargo lo
prefiero así y creo que mi piloto también; sé de
buena grasa que, por ninguna causa le gustaría que nos quedáramos
tirados dentro de la boca del lobo.
60 Km. más tarde nos detenemos en Castejón de Sos para descansar,
¡ya era hora!. Ya empezaba hartarme tanta subida y bajada, primero
porque nevaba y luego conforme descendíamos porque llovía.
Todo un desbarajuste; o uno o lo otro, ya está bien de tonterías.
Una hora es la prórroga que ha cogido hasta volver a mi lado, demasiado
tiempo, ya decía yo que se está volviendo muy señorito.
Encima, viene echando humaredas por lo cabreado que está. ¡No!
si al final lo pagaré yo, la que menos culpa tengo. Sí se
hubiese dado más prisa en descansar, no estaría mirando
el mapa para acortar horas.
¿FIN
DE LA AVENTURA...?
- Bueno
chiquilla, se acabaron los acontecimientos extraordinarios, me acaban
de comunicar que el puerto de Fanlo, el del Valle de Añisclo, está
cerrado y el de Cotefablo ha punto de lo mismo y otro tanto el de Sarrablo.
Si fuera más pronto lo intentaríamos, ya que después
de lo pasado, no creo que llegue a tal altura, pero no me hace ni pizca
de gracia pasarlo por la noche, y menos si queremos llegar antes de las
23 h. ha Hecho. Así que, nos tocará bajar hasta Barbastro
y seguir por la nacional e intentarlo por el de Santa Bárbara que
es algo más bajo que los demás.
- ¡Ohhhh, se ha vuelto a acabar la emoción! Ya me había
hecho el ánimo de pringarme de barro otra vez, sobre todo por la
pista de Plan, del cual tengo muy buenos recuerdos. ¡Qué
lástima!
Lo que he dicho antes, se queda en agua de borrajas, porque esto vuelve
a tomar otro ademán, más a partir del Km. 40 que la carretera
vuelve a estar seca. Mi amigo no se acuerda que llevo tacos y como apure
3 mm. más lo único que van a morder es el cielo. ¡Esto
si que es guay! Aunque no puedo presenciar las enormes paredes que cuelgan
a nuestros lados. ¡Ah sí, sí que puedo! al menos eso
creo, pues me ha parecido ver un escalador en uno de los paredones o ¿eran
dos? Mejor no dudarlo y estar más en lo que hace mi jinete, a no
ser que quiera intentar imitarlos.
Ya estamos en la nacional y seguimos el mismo tren, ahora sobre 100 Km/h.
a unas 11.000 vueltas. Para que no tenga quejas, pienso gastar lo mínimo
permitido a esta velocidad, pues se lo merece por portarse también
conmigo; en ningún momento ha entrado en la zona roja, aun con
las prisas que lleva.
Seguro que pensáis que soy pesada tanto hablar de consumos, pero
simplemente lo hago para que nadie os eche en cara qué las dos
tiempos gastamos a lo loco. Veis, no está mal, en 139 Km. 7'5L.
la entrada de la reserva. Mi dueño y amigo me ha sonreído
y tocado el depósito con las dos manos como muestra de agradecimiento.
Ahora, después de girar el grifo ha amainado la marcha, pero sólo
un poco. Por lo visto debe estar muy seguro de que llegará al otro
surtidor. Él no lo sabe que lo sé, pero en mi cofre lleva
otro litro más en una botella de aluminio por si me porto mal con
él.
Llegamos luego de 25 Km. a la gasolinera como estaba pronosticado, sin
utilizar la botella de emergencia. Como las prisas lo cercan, ni tan siquiera
se ha desmontado. Pagar y en marcha, a apurar curvas.
BUEN
PAISAJE
Ayerbe es
la población donde reposté, lugar donde mi haz luminoso
empezaba hacer su doble efecto, dejarme ver y ver por donde pisamos. Por
esta causa, la velocidad se ha vuelto inferior por seguridad; en la noche
no todo es lo que parece (y más lloviendo) y en menos tiempo que
tocar el freno puedes verte involucrado en un accidente.
Hay poca luz entre el asfalto y el horizonte, sin embargo, existe la suficiente
como para en el lapsus que dura esta curva a izquierda pueda admirar los
peñascos que tengo enfrente; un cartel anuncia que son los Mallos
de Riglos. ¡Majestuosos! Aún con tan poca luz. Mi compañero
se ha percatado de tal belleza, haciéndome frenar pasada unos metros
la misma curva, sin importarle lo que nos jugamos: reposar ha cubierto.
A
CIEGAS
La noche
se cierne entre nosotros a pasos agigantados. El frío, cada vez
más intenso, nos hiela todas las ideas por el qué hacer
para responder mejor ante la nevada que nos está cayendo. A mi
ojo principal no le da tiempo ni a derretir los copos que se afianzan
de él; hace tan solo unos instantes que la total oscuridad nos
ha acogido entre sus fauces y ya nos está tragando. ¡¡Y
mira que lo estoy intentando!! no obstante sobre darle mayor potencia
al faro que desea iluminar nuestro avance no consigo desempañarlo.
Rodamos a tan sólo 20 Km/h. en segunda. Mi compinche, sé
que hace lo que puede, y sobre no hacer nada para mejorar la situación,
ya hace bastante, pues con la visera bajada no ve ni torta y con ella
levantada todavía menos, al enturbiarse las gafas cada dos segundos
después de haberle pasado el limpia manual: los dedos.
La nieve supera el cerco de mi llanta y en más de media hora todavía
no nos hemos cruzado con nadie.
Ahora nos detenemos en un cruce, me imagino que será para ver hacia
donde vamos; recto Jaca y a la derecha Paternoy o eso parece. La nieve
sigue igual de perseverante. Mi compañero de "batallitas"
ya no sabe que hacer y en un intento de desesperación va a probar
conducirme sin gafas ¡una locura! ya que tiene 3 dioptrías
en cada ojo de astigmatismo.
- Oye ¿tienes problemas?
- No, sólo uno pequeño de visión pero nada más.
- Vaya ¿quién es éste? parece una urna..
- ¿A dónde te diriges?
- Ha Echo.
- Nosotros también, si quieres puedes venir detrás, así
te haremos de guía.
- Venga vale, lo intentaré.
- Con la cantidad de comentarios que he escuchado en esta vida sobre las
urnas de dos ruedas motrices y mira por donde nos están echando
un cable. Nunca te puedes fiar de nadie, y menos de los que les disgusta
la letra B de la matrícula; éste es de ellas.
Por la contrariedad que tiene en la vista, para no ser deslumbrado por
el lazarillo, vamos pegados a él, a apenas dos metros. Un gran
inconveniente, ya que cuando vamos un cierto rato a esta distancia, acelera
creyendo que queremos ir más rápido, quedándonos
al instante. Parecemos ciclistas haciendo la goma. No sé porque,
creerán que les estamos tomando el pelo.
AMIGOS
DE CUATRO RUEDAS
Sin embargo
parecen que son tolerantes, todavía no se han quejado de nuestro
descontrolado ritmo y eso que llevamos cerca de 25 Km. detrás de
ellos; mis nuevos amigos. Algo así como casi una hora.
¡¡¡Por fin hemos llegado a Hecho, y encima a las 23
h.!!! Nunca me he alegrado tanto de ir detrás de un caparazón
de cuatro ruedas. ¡¡¡Cuatro hurras por él y sus
pasajeros!!!
- Ya estamos ¿Tienes sitio para dormir?
- No, pero en el camping creo que se encuentran unos amigos, a los cuales
les voy a gorrear un poco de tienda; me dijeron que si me dejaba caer
por aquí me guardarían un pedacito.
- Espera un momento y miraremos si hay sitio en el hotel, para ti y tu
moto.
- Es impresionante el coloquio que estoy escuchando; tanta cordialidad
sin apenas conocernos, creía que esto sólo sucedía
en el mundo motard.
Después de una calurosa despedida, vuelvo a rodar por mis mismas
huellas, hasta el camping, casi tapadas por la incesante nevada.
Llevamos cerca de 10 minutos buscando a los amigos sin éxito; si
alguien nos observara diría que estamos tontos y que podríamos
poner más atención para tal efecto, pero es como buscar
una arandela oxidada de 2 mm en un taller: las matrículas de las
urnas están tapadas por el pegajoso líquido congelado.
-¡Bien, estas son sus tiendas y sus voces! ¡Los encontramos!
- ¡Ya está, lo conseguimos!; sobre todo por mi, por ser muy
silenciosa.
Chocadas sus manos y, aligerada mi parte trasera, se refugian en lo que
ellos llaman tienda de campaña, que por otra parte no entiendo
para qué sirve, pues el sonido sale de ellas como sino existiesen,
al igual que un escape libre. De entre todo lo que escucho, lo mejor,
el cercano recuerdo de nuestro "viajecillo" que, por cierto,
ya acabó -dé momento- ¡Lástima!. No obstante
aún sobre haberme quedado con un poquito de ganas, reconozco que
él ya estaba cansado.
Mientras mi compañero comparte experiencias y comida con sus amigos,
yo voy caldeándome con mi propia temperatura cogida por el camino;
calor del propio corazón y fuego, la llama de la pasión
por lo vivido.
Yo al mismo tiempo, también les estoy dando el plomazo a las urnas
que están a mi lado, puesto que, el quemazón que siento
dentro de mi me está abrasando todas mis partes y necesito a toda
prisa contar todas las peripecias que hemos vivido en este día
tan completo. Ellas, como era de esperar, al estar apartadas de la fiebre
de las dos ruedas, no entienden como puedo, aquí y en estas condiciones,
desnuda, a la intemperie, sobrevivir y estar tan contenta. Entre ellas
se cuchichean -creen que no las oigo- que si sigo gastando las energías
con esta premura mañana estaré muerta. ¡Ya verán
cuando arranque a la 1ª al amanecer!; la excitación de mis
componentes es tan apabullante que si estuviese tres días parada
y nevando, arrancaría igualmente al primer intento y más
para satisfacer a mi gran amigo: mi dueño.
NOCHE
DE TRUENOS
El alba
vuelve apoderarse de las sombras, aunque como ayer, formado por sólo
un horizonte, originario de la copiosa nevada que no dejó de caer
y, que aún cae, roto tan sólo por algún trazo de
los suaves tonos procedentes del gentío que sale de las tiendas
a fisgonear. Los colores llamativos de sus ropas se van entremezclándose
con el gran manto blanco, dando pie, a que, en vez de un camping nos encontremos
dentro de un cuento de hadas. Mis parientes más cercanos, los "cascarones"
de cuatro ruedas, junto con otras especies inertes, llamadas tiendas de
campaña, no tenemos la misma suerte, siendo nuestros colores de
un solo pigmento; este es el handicap de dormir a la intemperie.
Ahora que lo pienso, no sé por qué he creído que
las tiendas son inertes, si en toda la noche no han parado de soltar truenos,
incluso llegaban a formar tres clases de sonidos al mismo tiempo. Fui
ingenua cuando lo pensé.
SE
FIA DE MI
Son pasadas
las 9h. y todavía no se ha decidido a venir a por mi, cuando los
demás se dirigen a toda prisa hacia sus urnas para ver si cobran
vida formal. Parece que se fía bastante...
Más de diez son los coches que no han podido arrancar y otros tantos
los que necesitan de un cable para ello; lógico, los matan a aburrimientos
y luego quieren que cumplan como si nada hubiera pasado ¡Ya os apañaréis
pues no puedo ayudaros! Tomás se ha dado cuenta del problema, pero
intuye que todos reaccionan con prisas por miedo a quedarse atascados
en la nieve, cosa que a él no le importa en absoluto, sabe que
no le voy a dejar aquí tirado.
El camping está casi vacío cuando decide colocarme los bultos.
Aún sigue nevando y hace mucho frío, sin embargo cuando
gire la llave y me dé la patada arrancaré a la primera.
¡Clik! - ¡Plamm! - ¡Bromm, bromm, bromm...! ¡¡A
la primera!! Como toca.
He dejado boquiabiertos a mis vecinos ¡¡Yupiiii!! Ahora rumbo
Sur.
Mientras rodamos con cautela, pero sin problemas de estabilidad, me acuerdo
de las urnas; a las pobrecillas les estaban colocando cadenas en sus pies.
A mi de momento no me hacen falta y, aunque sea a deshora, entiendo el
por qué de la decisión de hacer carretera con calzado deportivo,
que por cierto, vuelven a chafar el mismo terreno que pasamos ayer, pero
con un poco menos de nieve, al ser la temperatura más alta. Riglos
vuelve a ser testigo de nuestra imagen estática, quiere hacer una
fotografía. Me alegro, así tendré una foto más
con un fabuloso panorama detrás de mi.
A la llegada de Ayerbe nos desviamos; al menos eso parece. La cinta negra
que mancha estos parajes es más revirada que la anterior, aportándome
un poco más de alegría al enfriado corazón. Ésta
cobra altura metro a metro, pasando las finísimas gotas a convertirse
otra vez en polvo congelado.
El castillo de Loarre vuelve a ser compañero de fotografía
y, a pesar que a mi piloto se le escapa de vez en cuando una sonrisa cada
vez que me inmortaliza, veo que no está tranquilo, ¡cómo
si no estuviera conforme con lo que tiene delante y buscase algo distinto...!
Como su trasero ya está pelado de los Km. que vamos juntos, sé
de que bota cojea, y sin que me lo cuente comprendo lo que le ocurre;
¡¡necesita más caña!!
Y... antes lo pienso antes ocurre. Desde que lo descubrí, llevamos
3'24 Km. de pista rojiza salpicada de colorante blanco.
- ¡Oye ¿sabes qué me parece? Que vamos a dejarlo de
momento, es muy tarde y no quiero llegar a la caseta del "Quillo"
a las tantas. Te prometo que si nos acercamos a buena hora por Teruel
habrá sorpresa. De todas formas hasta Huesca intentaré ir
por locales.
Huesca, Zaragoza, Teruel, en este orden, son las capitales de provincia
que nos ven pasar a velocidades tranquilas, el resto ha seguido la misma
pauta, sin sobre pasar el límite. Sólo se ha salvado de
este baremo el puerto de Paniza, que aún así fue aburrido:
su asfalto es demasiado bueno.
Espero que se decida pronto a cumplir su promesa, sino, me veré
obligada a tomar la iniciativa, quejándose seguramente más
tarde; como si lo viera venir.
Mis ruegos y plegarias, por suerte para él y para mi, no se han
hecho de esperar y a la altura de Sarrión abandonamos la nacional.
LA
RUTA DEL TREN MINERO
El camino
que tomamos es conocido, tanto que mis ruedas parecen haberlo recorrido
más veces que las del tren que circulaba en antaño: el que
iba desde Ojos Negros -Zaragoza- hasta Sagunto -Valencia-. No obstante,
como todas las excursiones fuera del alquitrán, siempre hay que
rodar con todos los sentidos a flor de carrocería, pues lo normal
es encontrarlo anormal; piedras, ramas, zanjas y alguna que otra materia,
tienden a cambiar de forma y de situación, aportando a todo aquél
que recorre senderos una chispa sin igual.
Ëste es como todos y, a parte de las cuatro "trevillas"
que son casi siempre las mismas, mis tacos no consiguen avanzar por la
línea que tracé la excursión pasada; de ésta
hace bastante tiempo, pues de vez en cuando diviso una huella un tanto
desdibujada, por la propia erosión, de un tamaño mayor que
la mía: de 140 mm. y según parece rodó por aquí
después que yo . Mis pies, cada vez que volvemos por aquí,
gruñen un montón. Saben que cualquiera de los que componen
la goma pueden verse involucrados en un incidente, perdiendo alguno de
sus hermanos: en la anterior perdí uno y rajé dos.
En Segorbe abandonamos este calvario -un poco más y llego sin equipaje-
el cual ha dejado casi deshecho a mi amigo. A partir de aquí ya
no vale la pena ir por el camino, ya que éste es engullido frecuentemente
por el negruzco pavimento.
Unos pocos Km. y unas cuantas curvas nos deja a pie del último
"obstáculo" la pista forestal que nos llevará
a la caseta de Quillo. Por ella todo es como coser y cantar y en un periquete
llegamos al final. Punto donde todos los amigos de Tomás, y míos,
por supuesto, vienen a recibirnos.
Hay que ver, esta mañana nos despedimos de unos y ahora nos reciben
otros, con la diferencia que en el N. la manecilla encargada de recordarme
a qué temperatura me encuentro casi siempre estaba en el mínimo
y ahora, aquí en el Levante no quiere separarse del color rojo.
Latitudes y amigos muy dispares, todo unido por mi, un pequeño
gran corazón de 125 c.c.
¡¡Adelante colegillas de menos de 125, enseñarles a
vuestros pilotos de lo que sois capaces!!
Texto: T.
Serra
|