|
El pasado 14 de octubre, se realizó una de
las primeras carreras de montaña dentro de la época otoñal,
poniéndose en total acuerdo con el período climatológico
que rige por estas latitudes.
Los 138 inscritos reunidos en lo que sería la meta, la pista de
atletismo de La Vall d'Uixó, fuimos conducidos al lugar oficial
de la salida, para así contentar a los patrocinadores, disfrutando
unos momentos antes del inicio de la prueba de la procesión que
discurría por el recinto de fiestas de la Sagrada Familia.
El momento del "pistoletazo" fue exactamente lo que se esperaba,
una disputa desde el principio, aunque eso sí, a un ritmo conservador,
ya que los que iban en cabeza sabían que el recorrido no era propicio
para tirar los restos nada más comenzar, y los que iban a la zaga,
por miedo a lo que les viniese, rechazaban cualquier idea de adelantarlos
o por lo menos es lo que percibimos desde la cola.
El desnivel de salida, el frescor de la mañana y el suave chafar
por las clásicas lluvias de esta época, hacía que
todos gozáramos como "críos" mientras transitábamos
por el barranco d'Aigüalit, más, cuando cogimos la otra vertiente
desde donde se veía los atletas que te precedían y los que
quedaban a las espaldas.
En el alto de dicho barranco, nos esperaba el primer avituallamiento;
justo en cuanto a variedad, pero suficiente, ya que sinceramente, no hace
falta más que agua para calmar la sed e hidratarse.
Después un continuo bajar y subir nos puso de nuevo a una altura
similar del suministro anterior, aunque con unas vistas más que
espectaculares: al lado derecho, la vertiente que habíamos descendido
y ascendido, detrás, la imponente perspectiva del Puntal del Aljibe
(la mejor para mi) y al lado izquierdo, la población de Artana
con el fondo tintado por el Maestrazgo y su cúspide, el pico del
Peñagolosa. Supongo, que los que iban delante ni se inmutaron por
ello.
Un largo óvalo por unos suaves senderos señalizados por
el P.R -V164 nos llevó nuevamente a la partida de la Ereta, donde
nos volvimos a abastecer y catapultar aunque esta vez hasta la cota más
alta del trazado: 648 m. desde aquí al final, a excepción
de un corto llano, alrededor de éste, fue todo en pendiente negativa
¡Y suerte de ello! Porque a partir del medio día el sol daba
bien fuerte, y aquellos que íbamos admirando el paisaje, nos pusimos
más que morenos...
En meta, los masajes, las bebidas y los bocadillos, hicieron que las tertulias
con los que nos precedieron, conjugaran las delicias de una buena organización
y un recorrido para repetir el próximo otoño.
Texto: Tomás Serra
|