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Por
Juan Manuel Agejas
ENTRADILLA
Desde 1947 miles de personas acuden cada año a una carrera que
tiene todo de especial y nada de normal. Es la Fuji Mountain Race o Carrera
de Montaña del Fuji: 21 kilómetros con más de 3.000
metros de desnivel en subida que culminan en la cima del volcán
Fuji-Yama, la montaña más alta de Japón a 3.776 metros
de altitud. Y aunque parezca mentira, sí, son miles de personas
las que acuden a la carrera. Este año dos españoles, el
equipo KLM formado por Miguel Caselles y un servidor, estuvo allí
y esto el lo que vivimos.
TEXTO
Hace ya muchas horas que salimos de Madrid y estamos ya ansiosos por llegar
a nuestro destino. Nuestro equipo KLM viene con un doble objetivo para
la Fuji Mountain Race: Miguel "sólo" pretende terminar
la carrera dentro de las cuatro horas y media que se dan como límite
para entrar en clasificación, algo que logran solamente un 39%
de los participantes aproximadamente. Mi objetivo es disputar la prueba
a tope, aunque al no conocer el recorrido, ni los rivales, ni prácticamente
nada, el puesto que puedo obtener es una verdadera incógnita.
Desde el aeropuerto de Narita hasta Fujiyoshida, lugar de salida de la
Fuji Mountain Race, hay apenas 179 kilómetros y, sin embargo, hemos
tardado casi cinco horas. Pero ya estamos aquí, por fin. La silueta
del Fuji-Yama, con sus 3.776 metros, nos contempla desde el fondo del
horizonte. Es martes y el viernes estaremos, o deberemos estar, en su
cima. Ahora nos parece muy lejos. Esperamos que el viernes no nos parezca
lo mismo.
La Fuji Mountain Race cumple este año su 55 edición. Nació
como una vía para elevar las almas de los japoneses en los años
inmediatamente posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Entonces terminaron
251 atletas, sobre un recorrido de 19 kilómetros que salía
de la Estación de Fujiyoshida, donde ahora nos encontramos. Desde
la edición número 20 la carrera sale del ayuntamiento de
la ciudad y tiene 21 kilómetros. En 1976 se disputó por
primera vez una prueba alternativa que sube hasta la llamada 5ª Estación
a 2.300 metros y tiene 15 kilómetros, y desde la edición
número 38 pueden tomar parte las mujeres en ambas carreras.
Sorprendente
Japón
Las primeras impresiones de Japón son concluyentes: es un país
muy distinto al nuestro. La gente es fría, muy dedicada al trabajo
y a sus obligaciones, su sociedad es muy tradicional aunque su manera
de vestir y sus ciudades sean como las occidentales. No es algo que en
principio nos sorprenda. Lo que sí nos sorprende es la dificultad
para comunicarse. Entenderse, incluso en inglés con un japonés
que sabe inglés también, es más difícil de
lo que creíamos. Cuando preguntas parece que te entienden, pero
tienes que repetir muchas veces lo que quieres. Y a veces, cuando piensas
que te han entendido, descubres que no saben lo que les has preguntado.
Vamos de tren en tren saliendo del paso como podemos, pero tenemos un
cierto temor de aparecer en el otro lado de Japón. Al llegar a
Fujiyoshida, por fin alguien espabilado, dos jubiladas que nos atienden
en la oficina de información, nos indican dónde está
nuestro alojamiento y hasta llaman al dueño para que venga a recogernos.
Estamos alojados en lo que llaman una pension, una especie de albergue
al estilo japonés por el que se anda en zapatillas o descalzo,
con habitaciones cubiertas de tatami sobre el que se extienden unas colchonetas
para dormir, baño común y comida japonesa, naturalmente.
Su dueño, Tomihiko Hada, es todo un profesional que trata a sus
huéspedes con todo detalle. Desde el primer momento nos acerca
y trae al centro de la ciudad en su furgoneta, nos prepara el desayuno
y la cena a la hora que le indicamos, se intenta adaptar a nuestros gustos
en las comidas, etc. Esto último es de agradecer porque no queremos
tener problemas digestivos ni intestinales antes de la carrera.
De
turismo por los lagos
Los días previos a la carrera los aprovechamos para hacer algo
de turismo. El Fuji-Yama está en la región de Yamanashi,
en el centro-este de la isla de Honsu, la principal y más grande
de Japón. Dista 113 kilómetros de Tokio y 24 de la Bahía
de Suruga en el Océano Pacífico y su principal ciudad es
Kofu. El Fuji-Yama atrae cada año a unos 400.000 excursionistas,
pero también sus alrededores son cita para el turismo. Lo más
recomendable son los cinco lagos que rodean la montaña más
alta de Japón: Yamanakako, Kawaguchico, Saiko, Shojiko y Motosuko.
Son lagos de hasta más de 3 kilómetros de largo, rodeados
de bosques con excepcionales vistas al volcán. El Kawaguchico y
el Yamanakako son los que reciben más turismo y, por lo tanto,
tienen más instalaciones para la práctica de deportes acuáticos,
restaurantes, tiendas, etc. El resto son lugares más placenteros
y tranquilos. La zona tiene además una estación de esquí,
parques y museos, campos de golf, templos, un parque de atracciones, zonas
deportivas, etc.
El día anterior pasamos por el ayuntamiento, el Fujiyoshida City
Hall, para recopilar mayor información de la carrera. Allí
nos atiende Watanabe Kazufumi y nos proporciona folletos sobre la ascensión
y quedamos en que nos preparará un dossier en inglés de
la carrera.
Entre los datos que nos dan sabemos que somos 2.992 los inscritos, 245
mujeres, de los cuales casi 2.600 somos de la carrera hasta la cima. Hay
corredores de las 47 regiones de Japón, además de atletas
de Nueva Zelanda, Estados Unidos, Alemania, Suiza, Italia, Holanda y España.
También sabemos que los 11 primeros kilómetros son por asfalto
y se suben "solamente" 770 metros. El desnivel en algún
tramo llega a los 440 metros por kilómetro.
El
día clave
Y por fin amanece el día de la carrera. Después del desayuno
nuestro hostelero nos lleva en su autobús a todos los atletas alojados
en el Kou Sem Kaku hasta la salida. Como en cualquier carrera, poco a
poco va llegando la gente y el Fujiyoshida City Hall se va llenando de
atletas. La salida es a las 7:30 para la carrera a la cima y una hora
después para la carrera a la 5ª Estación. Todo es normal,
como otra carrera, salvo que estás rodeado de rostros orientales
de ojos rasgados y que no entiendes nada porque lo que dicen es en un
idioma totalmente desconocido.
El alcalde de la ciudad da la salida y comenzamos un recorrido urbano
de 2 kilómetros en el que tanteo a los rivales. Pasamos por una
enorme puerta estilo japonés, una torii, monumento sagrado de la
religión sintoísta, y junto al templo Fuji Sengen, de donde
parte oficialmente la ruta de ascensión a la montaña. Nos
internamos en un silencioso bosque con un calor y humedad asfixiante que
endurece la carrera.
En el kilómetro 11 abandonamos la carretera y comienza la montaña.
La ascensión ahora va por una pista ancha, todavía entre
árboles. El desnivel es constante y permite llevar un buen ritmo
de ascensión. Una ligera niebla nos acompaña. Son nubes
de condensación que se forman casi siempre durante el día
a la misma altura.
La pista se va estrechando y el bosque va dejando paso poco a poco a los
arbustos y plantas de menor talle.
En la 5ª Estación, a 2.305 metros, la niebla nos abandona
y el cielo abre una buena perspectiva de lo que nos queda por subir, mucho
aún por cierto. Ahora el camino pasa a ser una senda flanqueada
por cadenas o cuerdas que ya no dejaremos hasta la cima. Y empieza a haber
mucha, mucha gente subiendo el Fuji. Pasamos continuamente refugios con
instalaciones para los miles de excursionistas con sus w.c. y puestos
vendiendo agua, Coca-Cola y todo lo imaginable, incluso a los propios
corredores. La ruta está verdaderamente súperexplotada.
De la senda de tierra pasamos a un camino de coladas de lava con rocas
que sobresalen del suelo por todos los lados que sigue en constante zigzag
por una ladera de la montaña. El desnivel y el intenso calor ahora
nos hacen imposible correr y tienes que avanzar a veces echando mano al
suelo y a las cuerdas que delimitan el camino. Además, la disminución
del oxígeno en el ambiente se acusa también. Estamos ya
a más de 3.000 metros de altitud. Arriba, la cima se muestra aún
lejana y desafiante.
Llegada,
cima y bajada
Como no sé exactamente dónde voy, sigo luchando contra el
cansancio, la altura, el calor y el desnivel. Veo una pancarta arriba
en un muro en la cima, pero no estoy seguro si es la meta. Del sexto puesto
he pasado al décimo. He pagado mi osadía y desconocimiento
del recorrido.
Giro a la izquierda y veo una puerta sagrada flanqueada por dos estatuas
de leones. Es la llegada. Giro a la derecha y por fin llego a la meta.
Soy el 10º y el quinto extranjero en los 55 años de la carrera
entre los 10 primeros. Un orgullo.
La carrera ha sido dura, muy dura. Ahora hay que recuperarse, pero la
extraordinaria belleza del cráter y de las vistas desde la cumbre
hacen que se me olvide lo hecho polvo que estoy. Pero por otra parte me
defrauda lo que veo en la cima: desde tiendas con toda clase de recuerdos
hasta bares, una oficina postal y un templo. Es lógico si pensamos
que miles de personas suben cada día a la cima en la época
veraniega, pero le quita el encanto.
Me quedo a esperar a Miguel y le acompaño hasta la meta. El objetivo
del equipo KLM se ha cumplido. Nos dedicamos a hacernos fotos por todos
los lados pero no podemos entretenernos mucho en la cumbre. Hay que bajar
a pie hasta la 5ª Estación antes de las 14 horas porque si
no se van los autobuses. El camino de bajada está separado de la
ruta normal de ascensión. En la 5ª Estación nos dan
un lunch de bollos de arroz y nuestra ropa. Cogemos el autobús
y en poco más de una hora llegamos otra vez al ayuntamiento. Allí
están las duchas y nos dan unos noodles de comida. La ceremonia
de entrega de premios ya se ha realizado y Watanabe me entrega una placa
y un trofeo como premio a mi décimo puesto. Después de recopilar
los resultados (y esperar a que nos los traduzcan a los caracteres occidentales)
nos despedirnos de nuestros contactos y volvemos al Kou Sen Kaku. Todavía
no hemos asimilado toda nuestra hazaña, pero el Fuji, al fondo,
parece igual que el primer día cuando vinimos: tan lejano, tan
alto, tan bonito. Lo que pasa es que ahora lo hemos vivido con nuestros
ojos, nuestras piernas y nuestro esfuerzo, y eso cambia tu visión
de la montaña. Ahora es como si la quisieras más. Digo yo
que algún día volveremos.
FICHA TÉCNICA
Nombre: Fuji Mountain Race
Fecha: último viernes de julio
Lugar: Fujiyoshida, a 113 km al sur de Tokio.
Distancia: 21 km (15 km la carrera de la 5ª Estación)
Desnivel: 3.006 m
Recorrido: de la ciudad de Fujiyoshida a la cima del Fuji-Yama
(3.776 m). 11 primeros km de asfalto y el resto por pistas, senderos y
coladas de lava volcánica
Inscripción: 6.000 yenes en 2002. Unos 54,1 euros. Incluye
avituallamientos, traslado de ropa, autobús de regreso, lunch y
comida fin de carrera, campanilla típica y llavero finisher.
Avituallamientos: seis más el de meta con agua, bebida isotónica
y alguno con alimento.
Contacto: Fujiyoshida City Hall, 1842 Shimoyoshida Fujiyoshida-shi,
Yamanashi-ken, Japan 403-8601, teian@city.fujiyoshida.yamanashi.jp,
tel. 00-81-0555-22-1111, fax 00-81-0555-22-0703
Web: www.city.fujiyoshida.yamanashi.jp
(con viernes en inglés)
Alojamiento: Kou Sen Kaku Pension, 353 Daimeiken, Fujiyoshida-shi,
tel. 00-81-0555 23-5005
Viajar a Japón: las líneas KLM vuelan seis días
a la semana a Tokio. Tel. información 902 22 27 47. www.klm.es.
Del aeropuerto existen trenes hasta Tokio Station y de allí autobuses
y trenes hasta Fujiyoshida. Proporcionamos información a los interesados:
asociacion@tierratragame.com
CLASIFICACIONES
Hombres
1º Tsuyoshi Kaburaki (Jpn) 2h52:53
2º Osamu Kobayashi (Jpn) 2h57:17
3º Takashi aoki (Jpn) 2h59:00
4º Naoki Takeda (Jpn) 3h01:22
5º Katsuhito Hosokawa (Jpn) 3h02:15
6º Mitsunori Kimijima (Jpn) 3h02:47
7º Makoto Yamazaki (Jpn) 3h03:22
8º Fumiaki Iwase (Jpn) 3h04:40
9º Yukio Nakamura (Jpn) 3h04:51
10º Juan Manuel Agejas (Esp) 3h05:02
Mujeres
1ª Yoshimi Hocino (Jpn) 3h10:17
2ª Norimi Sakurai (Jpn) 3h22:00
3ª Noriko Onodera (Jpn) 3h35:17
4ª Shuko Oohata (Jpn) 3h39:52
5ª Eri Matsubara (Jpn) 3h40:15
6ª Kazuha Matsui (Jpn) 3h40:41
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