EXPERIENCIAS

III Marcha al Bartolo

Si has participado en una competición por la montaña, si has realizado algún viaje de aventura o simplemente una excursión dominguera, cuéntanos tu experiencia.

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Momentos antes de la salida

Llevaba mucho tiempo sin dar "palo al agua" y la subida al Bartolo estaba ahí mismo. Necesitaba entrenar, aunque sólo fuese unos días, para evitar desfallecer en mitad de la prueba. ¡No es qué fuese muy dura! Pero quedé hace unos meses con un amigo en hacerla juntos y aunque éste tenía casi 67 años, había que tomar medidas. Hacía poco más de un mes que comprobé que aún sobre tener esa edad se encontraba en muy buena forma física.

Evitando la autopista

El evento, como ya va siendo habitual en la organización Marató i Mitja, empezaba un día antes de la disputa, para recoger los dorsales y crear un poco de fiesta. Consiguiéndolo rotundamente Películas de vídeo de ediciones anteriores y las tertulias entre los atletas amenizó el rato que estuve allí con ellos.

Como Benicasim es una ciudad que invita a quedarte por el buen ambiente que tiene, opté, al igual que otros, en quedarme unas horas. La mañana siguiente, me encontré a pie de la Iglesia Santo Tomás (la salida), con tan sólo un par de horas de descanso.

Pere Vicent, que así se llama mi amigo, como tal, desde el primer momento, iba a medio gas por mí, realizando los primeros metros tan lento que íbamos entre los últimos. Nos quedamos impactados al ver la imagen que representa más de 900 corredores y caminantes delante de nuestros ojos. ¡Desde luego fue precioso! Y pensar que hay gente que cree que tantas personas por un mismo lugar y en un mismo día originan un impacto negativo hacia el medio. Nosotros fuimos testigos de ello y podemos garantizar que el sendero y su entorno no sufrieron el menor desperfecto, a excepción de alguna ampolla de glucosa que yacía en el suelo (siempre hay algún capullo), pero no vacilamos ni un momento que a buen seguro la formidable organización se encargaría de recogerlas. Lo único que no me gusta de marchas tan multitudinarias es que, en pasos algo En busca del primer bocadocomplicados llegas hasta detenerte, por las colas que se forman, pero lo dicho, son memeces, aunque otros se empeñan en pensar otras cosas.

Después del primer avituallamiento Pere me iba achuchando continuamente, sus Dos palabras: ¡¡Impresionante!! Lástima de la bruma"viejos" músculos ya se habían calentado. Cada plano que se supone iba ser un descanso me decía, ¿ no correremos? y... Así hasta el alto del Bartolo, incluso en alguna subida. ¡¡Que ganas tengo de llegar a la tercera edad!! Dos sorbos de isostar, un trozo de plátano y ¡a volar para abajo!. ¡A disfrutar! Hasta el tercer lugar de aprovisionamiento no paramos ni para mear. En este tramo pasamos y fuimos adelantados por los mismos más de 10 veces. Y es que algunos pierden todos los "papeles" lanzándose a tumba abierta, luego ocurre lo que ocurre: torceduras, caídas y lo mínimo, unas agujetas que los días venideros seguro que no podrían levantarse Ya aprenderán si siguen participando en este tipo de pruebas.

¡Uff! Por fin la bajada

Una suave subida, al trote, nos acercó al balcón donde se vislumbraba más cerca (ya que dicho fin se ve desde casi todos lo puntos) el final de esta fiesta: la platja Almadrava. Apenas 6 Km. nos separaban de dicha meta: Uno de los más complicados para mí. Primero por su descenso técnico y después por el llano. Las dudas me inundaban, no tenía claro el llegar corriendo, algo que no me hubiese gustado por nada del mundo, por lo menos para que el "agüelete" no se echara a reír.

Los aplausos de los que estaban antes de llegar al paseo y la policía cortando el tráfico nos regalaban el último aliento para llegar lo más animado posible a la recta final junto a la playa.
De no haber sido por el publico tan maravilloso que había a lo largo de dicho tramo, no sé si hubiese cumplido mi objetivo.

Momentos después, ya recuperado, y no lo digo en plural porque Pere Vicent ni siquiera sudó, nos dimos un merecido baño en el mar, nos tomamos una Pere llegando a la meta. Su rostro no reflejaba ningún cansanciohorchata en una de sus terrazas, y nos deleitamos viendo llegar a los participantes que quedaban en carrera. Los demás, los primeros, tan sólo pudimos ver lo que hicieron en las listas de clasificaciones. ¡Son unas verdaderas máquinas! Pero como se dice en el "argot" del ciclismo: la caravana multicolor la producen todos los participantes, incluido el farolillo rojo. ¡Enhorabuena a todos por el buen hacer, desde la organización hasta el último del pelotón! Todos se merecen un diez... Menos los que tiraron los envoltorios de las glucosas.

Hagamos que esta clase de marchas perduren, para poder llegar a los 70 y disfrutar sanamente de nuestra naturaleza.

Texto y fotos: Tomás Serra

 

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