Inicio
Menú principal
 Quienes somos
 Alojamientos
 Rutómetros
 Eventos
 Fotos
 Contactos
 Experiencias
 Fondos de escritorio
Rutas recomendadas
este trimestre
Senderismo
BTT
Cicloturismo
Castellón
Si quieres estar al día de las novedades
Tu Email
Teruel Castellón

 

 
SIERRA DE ESPADÁN
SIERRA JAVALAMBRE

 


 

X EDICIÓN 2002

Alfondeguilla - Javalambre

Por una vez, queremos hacer oír nuestra voz. Siempre ahí, en lo más bajo, pequeños, casi insignificantes y muchas veces poco valorados. Pero esta vez vais a aguantar nuestro relato sin rechistar.

Todos en la salida¿ Que quiénes somos ? Es muy fácil, querido lector. Somos los pies. Y no te rías; tenemos derecho a expresarnos igual que cualquier otra parte del cuerpo, tanto o más que ésas que se sienten "tan" importantes: el inteligente cerebro o el corazón (oh, qué romántico).

Pues sí. Lo nuestro es una crítica hacia la persona a la que llevamos y soportamos. Sentaos y leed, que tiene miga ...

Todo comenzó allá por septiembre de 2001. En qué mala hora este cabeza hueca de persona que nos controla ojeó por Internet una página que hablaba sobre una marcha. Uhmm - nos dijimos - por fin algo relajado, después de tantas presiones con carreras y medias maratones. Un bonito paseo por el campo no nos sentará mal.

Sin embargo, continuó leyendo: una marcha de ¡105 kilómetros en 24 horas!. Mirad, casi se nos caen las uñas de los dedos del escalofrío que libertad, ¡Venga, venga date prisa!nos recorrió. Ya no pudimos seguir escuchando. Las palabras nos llegaban fragmentadas tras el shock: .... qué chula ... en Albondiguilla (o algo así) ... Castellón ... a finales de mes ...

Aunque fantasioso, nos libramos por los pelos ese año. Comprendió que, por mucho entusiasmo que le pusiera, era imposible emprender la tarea con ciertas garantías. Así que lo dejó, para temporal alivio nuestro. Sin embargo, la amenaza seguía latente y no dormíamos tranquilos ...

Y, tal y como nos temíamos, ese pensamiento ya no le abandonó. Conforme se acercaban las fechas del septiembre siguiente, la cabeza sólo generaba un mensaje: Alfondeguilla, Alfondeguilla, Alfondeguilla, ... Los pelillos de los dedos se nos volvían canosos cada vez que lo oíamos.

Por fin, la tragedia. Tras apuntarse por los pelos (al final consiguió hablar con Tomás, el organizador, y éste le aclaró todas sus dudas y le convenció, ¡gracias, hombre!), nos encaminamos hacia Castellón. Y no fuimos solos. Compartíamos las penas con nuestros colegas de un pariente, Enrique, que por lo que parece tampoco tenía nada mejor que hacer ese fin de semana. Imaginaos por un momento el grado de angustia de sus pies; sin embargo, tras presentarnos, algo mejoró nuestro ánimo. Será cierto que la desgracia une y da fuerzas.

Y a las 19:30 de la tarde comenzamos a caminar. Formábamos un grupo de aproximadamente 34 miembros de tantos otros tarados. Nos dirigían un par de pies peculiares, a juego con su persona. Éste era un señor un tanto raro, con un pañuelo cubriéndole la cabeza, con hermosas flores adornándole la peluda cara, y con un escaso pantalón que le permitía una envidiable libertad de movimientos.

Barracas a sólo 5 Km.El ritmo al principio era asequible, a buen paso pero sin correr. Bien, pensamos, tomémoslo con calma, e intentemos disfrutar. Y así fue durante algunos kilómetros. Era algo peligroso circular por el arcén de la carretera, pero formábamos una aceptable fila india de pies bien disciplinados, y no sucedió ningún hecho digno de mención. La noche era agradable, fresca pero sin llegar a hacer frío. Así que, venciendo nuestras reticencias iniciales, comenzamos a cogerle gusto a la prueba. Además, los primeros controles nos vinieron bien para descansar, alisar al siempre rebelde calcetín y reponer fuerzas.

Sin embargo, pronto comenzaron las calamidades. No sé si por un caprichoso deseo nocturno, un extraño deseo secreto de hacernos sufrir, o una locura transitoria, el caso es que nuestros guías de repente comenzaron a correr. Sí, como lo leen, a correr montaña abajo en los tramos más complicados, entre piedras y zarzas en un alocado zigzag que a duras penas veíamos a través de la débil luz del frontal. ¿ Qué podíamos hacer ? Sin lugar a dudas, seguirlos a toda costa; de lo contrario, era la pérdida segura en mitad de la montaña sin posibilidad alguna de seguir solos.

Muchos de nosotros estábamos sorprendidos. Y lo comentábamos: que porqué corre, que si al final nos vamos a dislocar, que se me clavan las piedras hasta el puente ... pero aguantamos como héroes hasta que la cordura retornó al grupo y continuamos la marcha como todos pensábamos: andando.

Conforme pasaban los kilómetros, comenzaron las primeras molestias graves: las inoportunas y dolorosas ampollas hicieron su aparición, surgiéndonos como setas por los lugares más insospechados. Pese a los cuidados que recibimos, ya íbamos tocados. A sufrir, nos dijimos. Y ¡Vaya, parece que no sólo tenemos calor nosotros!las horas pasaban, trayéndonos kilómetros de cansancio y disminución de fuerzas y de temperaturas. En un sitio llamado Pina descansamos, ateridos de frío y somnolientos. Lanzamos las primeras llamadas de dolor a la cabeza, pero ésta nos ignoró miserablemente. Nos levantamos, y seguimos andando.

El sol comenzó a dibujarse en el cielo, y a la luz del día aquello que había permanecido oculto salió sin tapujos: los orondos y musculados glúteos de nuestros guías se manifestaron en todo su esplendor sin la tiranía del pantalón. Ciertamente, cualquiera que nos viera por la carretera contemplaría una singular escena, casi surrealista: un grupo de pies cansados, arrastrándose por el asfalto, con las cabezas mirando absortas al frente, y lideradas por un señor con flores en el pelo, un bonito pañuelo en la testa, un paraguas-bastón negro, las barbas de un apóstol y con el culo al aire cual recién nacido. Sí señor, extraña escena y extraños personajes.

El día algo mejoró en nuestro ánimo, pero las fuerzas disminuían por momentos. Además, para colmo de males y a falta de más de treinta kilómetros la rodilla derecha, compañera inseparable, comenzó su particular martirio. Cada paso que dábamos le producíamos enormes dolores. Quéjate, le decíamos. Lo hago, contestaba, pero no me hace caso. Terca como una mula, la cabeza sólo pensaba en acabar la prueba.

Cerca del final no pudimos más. Algunos de nosotros, en concreto ocho, no conseguimos seguir el ritmo del resto y tuvimos que bajar la marcha. Nos guiaron dos pies nuevos que se incorporaron más tarde a la prueba. Eran los pies de Ramón, herrador de caballos y criador de aloe, gran conversador y un excelente animador del grupo. Juntos, animándonos unos a otros, esperándonos cuando alguna flojeaba, conseguimos llegar al último control que era la antesala del final de la prueba.

Nos queda poco o eso creoComo las sirenas de Ulises, todas las partes del cuerpo lanzamos a la cabeza nuestra más dulce y a la vez desesperada canción. En ella le hablábamos de descanso, de comida, de reparador sueño, de retirarse con la alegría de haber cumplido gran parte del objetivo ... en fin, cualquier artimaña era buena con tal de acabar con el suplicio. Le hicimos vacilar. Y dudó, sí, durante algunos minutos. Sopesó inconscientemente los argumentos que le dimos y nosotros, ilusionados, casi cantamos victoria... se podía imponer por una vez la lógica.

Pero no. La única palabra que pronunció fue como el peor pinchazo de aliaga o como la continua fricción de la ampolla más puñetera del mundo. La cabeza dijo: no. Y su negación fue nuestra sentencia: teníamos que acabar a cualquier precio. Nos obligó a andar. A pesar del paisaje, que en cualquier otro momento hubiésemos disfrutado al ser bastante bello, con impresionantes barrancos, largos valles y altas montañas, sufríamos. Sin embargo, la peor parte se la llevaba la rodilla derecha, amasijo de tendones, huesos y músculos que ya no podían cumplir su principal cometido de doblar la pierna. Lloraba, pero nadie quería escucharla.

Por fin, lo imposible. Emergiendo como un gigante, vislumbramos Javalambre (casi un pareado, qué os parece). Un último ramalazo de rabia o ¡Este es el terreno que nos gusta!de desesperación nos hizo sacar fuerzas para alcanzar la cima, donde nos esperaban el resto de compañeros que habían llegado un buen rato antes. Allí, el éxtasis. Felicitaciones mutuas, fotos, lágrimas de alivio, y una gran satisfacción por la gesta lograda se mezclaron con un relajamiento total seguido de un amodorramiento invencible. Una vez llegamos al refugio, una relajante ducha, masajes con aloe, preparación de la cama, ... y a la cena.

Para nosotros, el último gran acto de la prueba. Una reunión de pies agotados, unos más dicharacheros, otros más adormilados, pero todos con una gran sonrisa de talón a dedos. Anécdotas, batallitas y exageraciones se mezclaban con los relajantes efectos del aloe, ese mágico fluido que nos revitalizó con sus casi milagrosas propiedades.


Los primeros piesY nada más. Aquí acaba nuestro desgarrador testimonio. Días después aún seguimos fastidiados, aunque la rodilla ha mejorado mucho. Sin embargo, pese a todo, el orgullo de acabar la prueba, y más sin ser especialista en estas marchas (a lo más, habíamos hecho algo más de treinta kilómetros), no nos lo quita nadie. No sé si repetiremos, pero empezamos a cogerle el gustillo porque, lo queramos o no, a nosotros, en el fondo, ... nos va la marcha.

Por: Pepe Albert

Inicio
| Quienes somos | Alojamientos | Rutómetros | Eventos | Fotos | Contactos | Experiencias | Fondos de escritorio |

Web Optimizada para 1024x768 IE
Copyright © 2001 Ociprac, S.L. Todos los derechos reservados.
Oficina: C/ Castillo, 31. Alfondeguilla (Castellón)